Parada de motor
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Vamos a ver ahora tres situaciones un poco especiales que se nos pueden presentar en vuelo, y ante las que debemos reaccionar siempre con calma pero con decisión. Quizá la más espectacular de ellas sea la parada de motor en una avioneta ligera, y por ella vamos a empezar.

Y de pronto... ¡el silencio!

Cuando de pronto se acaba el ruido machacón del motor de nuestra Cessna con un retemblor general, y vemos por delante una hélice en una situación anormal para nuestra posición en vuelo... es decir, ¡PARADA!, ¿qué debemos hacer?

Como veis existe un punto esencial a tener en cuenta: sangre fría y nervios templados. Cualquier otro estado anímico nos puede llevar al suelo con una rapidez asombrosa. Esta calma tensa debe presidir cada una de nuestras acciones. De esta forma terminaremos con una bonita experiencia de la que vuestros nietos se podrán sentir orgullosos al contarla a su amigos.

Bien, veamos entonces cómo debemos maniobrar para llegar a buen fin. Lo primero que debemos hacer es un análisis rápido de nuestra situación. La parada de motor puede sobrevenir en cualquier momento y pillarnos en situaciones más o menos comprometidas.

Hay que echar un vistazo a nuestro alrededor buscando alguna posible pista de aterrizaje. Si la tenemos cerca ese será nuestro destino inmediato. Lo será siempre que podamos llegar a ella con la altura que tengamos. Si la parada de motor se produce al despegar, lo mejor es olvidarnos de ella y buscar frente a nosotros algún campo llano y despejado de árboles, postes de luz, etc. Elegiremos aquel que esté a una distancia suficiente como para llegar a él. Es preferible ese prado rocoso que tenemos debajo que aquella otra playa de arenas finas que se divisa en el horizonte; correremos el peligro de no llegar nunca.Tened en cuenta que desde arriba todos los campos parecen más llanos de lo que realmente son, pero no tenemos mucho tiempo para elegir, así que confiad en vuestro buen criterio y no dudeis una vez hecha la elección.

Ahora hay que conseguir que el avión no deje de volar en ningún momento. Un avión está hecho para eso, y su tendencia natural es a seguir volando, con o sin motor. Lo que debemos hacer para que al avión no se le "olvide" su cometido es mantener su velocidad de vuelo. Y sin motor lo conseguiremos a base de bajar el morro, sin miedo. Hay que llevar el morro bajo, de forma que el anemómetro nunca llegue a la zona de pérdida. Olvidaos del variómetro, la velocidad vertical nos importa bastante poco ahora. La que debemos vigilar es la horizontal, es nuestro seguro de vida.

El pulso firme y los ojos bien abiertos

Bien, pues henos aquí con nuestro motor parado, nuestras ideas claras y el campo de aterrizaje decidido. ¡Vamos abajo! Recordad: morro bajo, velocidad de vuelo, siempre velocidad de vuelo que conseguiremos con el morro bajo. Repetidlo mentalmente.

Ahora debemos considerar la altura que tenemos y la del campo de aterrizaje, debemos calcular si llegaremos bien o nos pasaremos. En caso de ir muy altos haremos círculos bajando, pero teniendo en cuenta que perderemos bastante altura en cada vuelta. Si vamos altos pero no demasiado, lo mejor es hacer derrapar al avión para aumentar la resistencia inducida y bajar algo más rápidos sin perder la línea de vuelo. Lo haremos con los cuernos a un lado y pie al contrario.

Hasta ahora todo bien, ¿no? Hemos bajado un poco más deprisa de lo normal pero sin sobresaltos de importancia. Pues debemos tener ya enfrente nuestra pista o el campo elegido. Ahora es cuando veremos que nuestro empeño en mantener el morro bajo tiene su recompensa. El avión vuela, sigue volando. A escasos metros del suelo hacemos la recogida final y el avión planea suavemente hasta que entra en pérdida por derecho tocando tierra como si se tratara de un aterrizaje normal. Daremos algunos saltos por el campo, porque seguro había una piedra más de las contadas desde el aire. :-)

Solo queda salir del avión, respirar hondo y encenderse un cigarrito pensando en que todo ha acabado sin problemas. Alguno incluso le tomará gusto al vuelo a vela.   :-)


Practicad un poco esta maniobra. Nunca se sabe cuando vamos a oir esa tos tan desagradable que le entra al motor cuando se va a parar. Os servirá para estar prevenidos.